Le pasó a una amiga mía. Aclaro esto porque todos deben pensar, a esta altura, que tengo la idea fija, y que de seguro estas cosas me pasan seguido. Sí, tal vez así sea, pero esta vez, lo juro, le pasó a una amiga.
Un australiano de esos que no ya no se ven por la calle (?) se levanta a mi amiga. El pibe está tremendo, es extranjero, tiene dólares, y se la quiere voltear. Combo explosivo. Pero eso no viene al caso. La cuestión es que se conocen el sábado en un boliche. Se pasan los celulares, y se ven ayer a la noche. Ella, con su inglés rústico, porque está aprendiendo. Él, con su español atravesado y sus ganas de no dejar Buenos Aires sin ponerla.
La rubia está indispuesta, pero tiene unas ganas locas de abandonar el honorable Club del Polvo Ausente (ver post anterior). Por eso se depila, se higieniza, y toma mucho té con limón antes de salir (qué carajo tendrá que ver, no lo sé, pero una tercera amiga lo recomendó, y yo también lo voy a poner en práctica si se me presenta la oportunidad de darme de baja del Club y justo se le ocurre tocarme la puerta al muy puto de Andrés).
Se encuentran. Toman unas cervezas, caminan, se llenan de besos, se estampan contra una pared, se tocan, y ella cree que todo está por suceder. Porque toda la gran preparación pre-cita tenía una única finalidad: que, a pesar de la denigrante situación femenina que la está atravesando, él decida hacer la vista gorda y extranjerizarle la chochi.
Ella lo deja llegar hasta el límite, y dispara: “I’m not in a good moment” (“No estoy en un buen momento”). Él analiza, respira profundo, piensa, y responde, en su español cojo: “Ok… mmmm… ¿Cómo es que ustedes dicen? ¿No quieres ‘colectori’?”
Ella abre los ojos tanto como le hubiese gustado abrir otras partes de su cuerpo, y le pregunta qué quiso decir. El lo repite, con una calma envidiable: “Colectori…”
“¿Querés decir ‘COLECTORA’?”, le pregunta ella, que todavía no sabe si ofenderse, reírse, o subirse a un taxi y agarrar por el costado de la General Paz. “¿Quién te enseñó esa palabra?” “Algunas personas”, responde él.
Claro que ahí se terminó la magia. Ella le explica que uno no puede ir por la vida pidiendo culos ajenos así como si nada, que tal vez en su país violarse canguros sea legal, pero acá hay ciertas reglas socialmente aceptadas que hay que respetar, y que él, los koalas, las ardillas voladoras, el Demonio de Tazmania y Nicole Kidman se pueden ir bien a la puta que los parió.
Me reí de ella. Estaba sintiéndome un poco cansada de que las anécdotas bizarras sólo me pasasen a mí, y ella está resultando ser una buena compañera de la vida. Ahora, sólo tengo dos preguntas. Primero, quién fue el hijo de puta que le enseñó a este rubio a pedir el orto con tanta soltura. Segundo, cuánto cuesta un pasaje a Australia.
Un australiano de esos que no ya no se ven por la calle (?) se levanta a mi amiga. El pibe está tremendo, es extranjero, tiene dólares, y se la quiere voltear. Combo explosivo. Pero eso no viene al caso. La cuestión es que se conocen el sábado en un boliche. Se pasan los celulares, y se ven ayer a la noche. Ella, con su inglés rústico, porque está aprendiendo. Él, con su español atravesado y sus ganas de no dejar Buenos Aires sin ponerla.
La rubia está indispuesta, pero tiene unas ganas locas de abandonar el honorable Club del Polvo Ausente (ver post anterior). Por eso se depila, se higieniza, y toma mucho té con limón antes de salir (qué carajo tendrá que ver, no lo sé, pero una tercera amiga lo recomendó, y yo también lo voy a poner en práctica si se me presenta la oportunidad de darme de baja del Club y justo se le ocurre tocarme la puerta al muy puto de Andrés).
Se encuentran. Toman unas cervezas, caminan, se llenan de besos, se estampan contra una pared, se tocan, y ella cree que todo está por suceder. Porque toda la gran preparación pre-cita tenía una única finalidad: que, a pesar de la denigrante situación femenina que la está atravesando, él decida hacer la vista gorda y extranjerizarle la chochi.
Ella lo deja llegar hasta el límite, y dispara: “I’m not in a good moment” (“No estoy en un buen momento”). Él analiza, respira profundo, piensa, y responde, en su español cojo: “Ok… mmmm… ¿Cómo es que ustedes dicen? ¿No quieres ‘colectori’?”
Ella abre los ojos tanto como le hubiese gustado abrir otras partes de su cuerpo, y le pregunta qué quiso decir. El lo repite, con una calma envidiable: “Colectori…”
“¿Querés decir ‘COLECTORA’?”, le pregunta ella, que todavía no sabe si ofenderse, reírse, o subirse a un taxi y agarrar por el costado de la General Paz. “¿Quién te enseñó esa palabra?” “Algunas personas”, responde él.
Claro que ahí se terminó la magia. Ella le explica que uno no puede ir por la vida pidiendo culos ajenos así como si nada, que tal vez en su país violarse canguros sea legal, pero acá hay ciertas reglas socialmente aceptadas que hay que respetar, y que él, los koalas, las ardillas voladoras, el Demonio de Tazmania y Nicole Kidman se pueden ir bien a la puta que los parió.
Me reí de ella. Estaba sintiéndome un poco cansada de que las anécdotas bizarras sólo me pasasen a mí, y ella está resultando ser una buena compañera de la vida. Ahora, sólo tengo dos preguntas. Primero, quién fue el hijo de puta que le enseñó a este rubio a pedir el orto con tanta soltura. Segundo, cuánto cuesta un pasaje a Australia.









6 tipitos se avergonzaron:
jaaaaaaaaaaaajajajajajajaja me rei muchisimo!
che, como es eso del te con limón?
jajajajaj "Colector". La tengo que agendar...
Dejate de joder, ese era de La Boca y se hacia el boludo para embambinarse a alguna
Aplausos para cocodrilo dundee, silbidos para la rubia. Dejate de joder, ¿para qué sale si no puede? Decí que el muy océanico era un poco caballero, acá se la colectoreaban sin previo aviso, y con razón.
adhiero a lo de Germán...mal tu amiga
la pregunta acá es...la dueña del blog no tiene problemas con Colectori?
Buen análisis de Germán. Fue medio extraño el pedido, pero fue pedido al fin.
Ya averigüe... los pasajes a Australia salen muy caros!!
Voy a tener que resignarme... solo tengo dos opciones...
Seguir perteneciendo al honorable Club del Polvo Ausente y olvidar la posibilidad de extranjerisar mi chochi....
O empezar a repensar la posibilidad de incursionar por "colectori"...
jajaja
La rubia...
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