Uno. “No me banco más esta indisposición del orto. No da garchármelo así, es la segunda vez que nos vemos”
Dos. “Estoy hecha un cerdo. La celulitis me está haciendo un piquete en las piernas”
Y tres. La sublime, la que lo encierra todo, la que resume lo que pienso cada día cuando me levanto, me miro al espejo, y hago como que no escucho a mi reflejo, que me pide a gritos un cambio de cuerpo: “Quiero ser un hombre”.
Estas tres mujeres, que no se conocían entre sí, caminaban una atrás de la otra por Santa Fe y Rodríguez Peña, y vomitaban tamañas confesiones así como si nada, me hicieron acordar de mis plegarias adolescentes, cuando lo único que deseaba era despertarme un día y tener pito para poder probarme en las inferiores de Boca.
Yo también quiero ser un hombre, loca. Porque dos o tres kilitos de más se los pasan por al entrepierna, y a nosotras se nos instalan en la entrepierna, y nos desaparece el huequito sexy, y nos paspamos. Porque mientras más pelos tienen, más pijudos son, mientras a nosotras nos quieren sacar la ciudadanía francesa. Porque acaban sin esfuerzo. Porque, si no acaban, siempre tienen a mano el “es la primera vez que me pasa” salvador (mientras vos le acariciás el pelito, como para demostrarle que lo seguís queriendo aunque no te haga gozar en su reputa vida), mientras nosotras, boludas, fingimos para que los nenes no se sientan heridos en su hombría. Porque ellos pueden mandar un sms cuando se les canta el clarinete, y nosotras quedamos como una alzadas si pedimos un poco de sexo a las 4am. Porque si su mensajito dice “Linda, estoy enamorado de tus besos mariposa”, es un tierno y rogás que nunca te deje, pero si te despachás con un “Hermoso, qué bien que me hacés”, primero no te va a responder, y seguro va a estar pensando: “¿Qué le pasa a esta loquita? ¿Se quiere casar? ¿A quién le viene a tirar de la correa así? ¿Justo al Pirata Pijalarga?, y se va corriendo, con los calzoncillos bajos y todo.
Yo quiero ser hombre porque a ellos no les viene, porque no quedan embarazados (pero se aprovechan de los antojos ajenos los muy hijos de puta), porque pueden andar en cuero por la calle, porque mean en cualquier lado, porque juegan al fútbol y si son malos van al arco, porque si dicen “Les rompo el culo en el Pro Evolution” nadie los va a cuestionar, porque pueden eructar en público sin que los miren con cara de asco, porque se hacen la paja en cualquier lado, porque no son ciclotímicos, porque les es más fácil llegar a cargos gerenciales, porque pueden ser periodistas deportivos sin que a nadie se le ocurra insinuar que se gastaron las rodillas y vivieron meses con cuello ortopédico de tanto chupársela al jefe correcto.
Yo quiero ser un hombre porque seguro que la tendría enorme. Quiero ser un hombre para tocármela todo el día, para juntarme a rockear con mis amigos, para que no me manden a lavar los platos en la calle, para que nadie asuma que mi función es parir y hacer botellas, para que nadie me agarre de la nuca en la cama, para calzarme los cortos y organizar picaditos todas las semanas, y para tener a alguna pelotuda siempre lista para cocinarme un pollo al horno y pelarme la banana.
Dos. “Estoy hecha un cerdo. La celulitis me está haciendo un piquete en las piernas”
Y tres. La sublime, la que lo encierra todo, la que resume lo que pienso cada día cuando me levanto, me miro al espejo, y hago como que no escucho a mi reflejo, que me pide a gritos un cambio de cuerpo: “Quiero ser un hombre”.
Estas tres mujeres, que no se conocían entre sí, caminaban una atrás de la otra por Santa Fe y Rodríguez Peña, y vomitaban tamañas confesiones así como si nada, me hicieron acordar de mis plegarias adolescentes, cuando lo único que deseaba era despertarme un día y tener pito para poder probarme en las inferiores de Boca.
Yo también quiero ser un hombre, loca. Porque dos o tres kilitos de más se los pasan por al entrepierna, y a nosotras se nos instalan en la entrepierna, y nos desaparece el huequito sexy, y nos paspamos. Porque mientras más pelos tienen, más pijudos son, mientras a nosotras nos quieren sacar la ciudadanía francesa. Porque acaban sin esfuerzo. Porque, si no acaban, siempre tienen a mano el “es la primera vez que me pasa” salvador (mientras vos le acariciás el pelito, como para demostrarle que lo seguís queriendo aunque no te haga gozar en su reputa vida), mientras nosotras, boludas, fingimos para que los nenes no se sientan heridos en su hombría. Porque ellos pueden mandar un sms cuando se les canta el clarinete, y nosotras quedamos como una alzadas si pedimos un poco de sexo a las 4am. Porque si su mensajito dice “Linda, estoy enamorado de tus besos mariposa”, es un tierno y rogás que nunca te deje, pero si te despachás con un “Hermoso, qué bien que me hacés”, primero no te va a responder, y seguro va a estar pensando: “¿Qué le pasa a esta loquita? ¿Se quiere casar? ¿A quién le viene a tirar de la correa así? ¿Justo al Pirata Pijalarga?, y se va corriendo, con los calzoncillos bajos y todo.
Yo quiero ser hombre porque a ellos no les viene, porque no quedan embarazados (pero se aprovechan de los antojos ajenos los muy hijos de puta), porque pueden andar en cuero por la calle, porque mean en cualquier lado, porque juegan al fútbol y si son malos van al arco, porque si dicen “Les rompo el culo en el Pro Evolution” nadie los va a cuestionar, porque pueden eructar en público sin que los miren con cara de asco, porque se hacen la paja en cualquier lado, porque no son ciclotímicos, porque les es más fácil llegar a cargos gerenciales, porque pueden ser periodistas deportivos sin que a nadie se le ocurra insinuar que se gastaron las rodillas y vivieron meses con cuello ortopédico de tanto chupársela al jefe correcto.
Yo quiero ser un hombre porque seguro que la tendría enorme. Quiero ser un hombre para tocármela todo el día, para juntarme a rockear con mis amigos, para que no me manden a lavar los platos en la calle, para que nadie asuma que mi función es parir y hacer botellas, para que nadie me agarre de la nuca en la cama, para calzarme los cortos y organizar picaditos todas las semanas, y para tener a alguna pelotuda siempre lista para cocinarme un pollo al horno y pelarme la banana.









3 tipitos se avergonzaron:
Y pese a todo eso... las mujeres son mil quinientas veces más hermosas que cualquier hombre, inspiran o crean prácticamente cualquier forma de arte y sin su existencia la vida tendría muy poco sentido.
"mientras a nosotras nos quieren sacar la ciudadanía francesa" tan cierto y como es al escribirlo...
Tenes toda la razón, simplemente tenes razón.
Me has hecho la noche deliciosa.
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