lunes 21 de septiembre de 2009

Un caño en mi futuro

Ahora entiendo a los que me tiraban un “goooorda” en el boliche, cuando me hacía la diosa y perreaba un reggaeton. Hoy, frente al espejo en mi primera clase de full dance, lo vi. Mi reflejo me tiró la posta sin anestesia: NO SOS SEXY, sabelo. Parece que estás teniendo convulsiones poco felices y, para colmo, que estás teniendo ataques epilépticos con un tronco de palo borracho metido en el medio del orto.
Amigo con tetas, decía yo, pero perra. Porque sé hacer de perra. Bueno, no. No lo sé. Es difícil cuando el espejo te devuelve una imagen mamarracheada de vos misma mientras tenés una profesora diosa que sabés que te está mirando. Y cuando sabés que está pensando “No te sale, no la vas a sacar nunca. Y es probable que si te seguís moviendo así, tampoco te la pongan nunca”.
De todas formas, decía, el reggaeton contagia, y al final de la primera hora ya estaba bastante cheronca. Pensé que le había ganado, que estaba mirando con amor el tronco que ya se me había salido del culo, pero…
-¡Bueno, chicas, pónganse perras que esta última media hora hacemos STRIP DANCE!
“¿What the fuck?”, pensé yo. Vi la cara de mi compañerita de baile, y me di cuenta de que estábamos pensando lo mismo: si no calenté a nadie bailando reggaeton, menos voy a despertar ratones franeleando con el caño.
Pero ahí fui, a intentar movimientos sensuales, a pasarme la mano por lugares que no conocía, a caminar imitando a los felinos, a hacerme la Demi Moore, a dejarme el sombrero puesto.
Definitivamente no. Mis intentos gatunos se parecían más a los de un gorila tratando de imitar a Shakira en “Loba”. Creo que hubiera deserotizado a Nino Dolce, que se calienta hasta con la enana de Las Chiquis (aunque, debemos admitirlo, que buen pan dulce tiene esa mujer pequeña!).
Mis caderas no mienten, y cada dejo de sensualidad me hacía parecer más a una combinación grotesca entre Zulma Lobato y Enrique Pinti en Hairspray que a Pamela David.


Juro que intenté. Y no me doy por vencida. En medio de este proceso de mujerización, me estoy sacando al pendejo de 8 años que tengo en mi cuerpo (léase, a mis kilos de más, que se están yendo maravillosamente contentos), estoy empezando a maquillarme como la Señora de los mediodías manda. Estoy usando cremas, por Dios santo! Y ahora bailo. Y me pienso contonear como todas esas chiquitas que ven en la televisión, y más también. Hasta el caño y el Maipo no paro, podría cantar. A mí no me va a ganar un espejo. Y, quien te dice, quizás mi futuro es vertical, y tiene forma de caño.

Adjunto foto que muestra cuáles serán mis habilidades en breve. O no.

jueves 21 de mayo de 2009

El amigo con tetas

N.E.: Dedicado a todos los que piden a gritos que actualice. No sé que haría sin ustedes. Probablemente, no actualizar.

-Le metería la pija en la garganta hasta que me vomite la cabeza- grita delicadamente uno.
-Che, chicos, paren un poco que está Maggie- dice generalmente un Facu (o algún otro especímen que detecta la presencia de estrógenos revoloteando) que se reprime de a ratos, pero que de tanto en tanto sorprende y libera toda su libido.
-¿Y? ¡Si es un amigo!- suele gritar a coro el resto de la muchachada.

Palabras más, palabras menos, esta situación se repite religiosamente todos los días de mi vida.
No, no es que me haya calzado los cortos y les revolotee con la pelota abajo del brazo continuamente.
No, no, tampoco es que me sepa la formación de Defensa y Justicia ni que suela contarles anécdotas del tipo “Era el 10 de Mandiyú!!!”.
Es, lisa y llanamente, que después de aproximadamente seis minutos y medio de establecer un primer contacto, todo hombre comienza a verme como un amigo. Sí, tengo tetas. Sí, se notan. Sí, de verdad. Ergo, soy un amigo con tetas.
La historia de mi vida. Los hombres me adoptan como mascota de su equipo favorito, y no se ahorran detalles a la hora de describir sus aventuras sexuales, de hacer gestos obcenos, de mirar culos ajenos, de expulsar cosas de su organismo.
Soy un amigo porque después de conversar un par de minutos conmigo, caen en cuenta del machito que tengo adentro. Descubren que nada me da asco, que nada me sorprende, que nada me sonroja. Seis minutos, y soy uno más que se fuma olores, desgracias siempre ajenas, e increíbles historias de winner (exageradas algunas, por cierto. Sepan que parezco un nene pero tengo tetas y por lo tanto cuento con el famoso sexto sentido que me aviva de que sí, muchachos, ustedes MIENTEN: no se comieron a la más linda, sí sabían que venía con sorpresa, plancharon toda la noche, y ESA no es la primera vez que les pasa).
Soy el amigo que sufre, que se emociona, que habla con coherencia y cohesión, que se dirige a los mayores con educación, y soy también el amigo que de vez en cuando larga un “Chupame la pija”. Ah, eso debe confundir. No tengo. Porque tengo tetas. Pero lo digo seguido, y es probable que eso les nuble la mente. Sí, tienen razón. Sabrán disculpar.


PD: Adjunto dos fotos en las que se ve claramente cómo sería, literalmente, un amigo con tetas.




domingo 5 de abril de 2009

Se te ve el culito, m'hija

Sé que prometí algo que nuevamente no voy a cumplir. Soy el amigo con tetas de mis amigos, y es a veces preocupante. Pero lo que vi ayer es más preocupante aún y, todavía en estado de shock, pasaré a detallarles los acontecimientos.

Situación número 1: cumpleaños de 15 de mi prima Melina. Ella, deslumbrante. Yo, mariconeando tanto como me es posible. Las amigas, todas trolas. Los vestiditos diminutos les raspaban el culo de tan cortos. Ellas, intentando tapar su desnudez con tironcitos en la parte trasera de la tela. Lo’ pibe’, chochos de la vida. Ellas, meneándose en grupito, revoleando las cachas de acá para allá, derrochando movimientos pélvicos y exhibiendo el alma en cada perreo. Lospi (así me dijo mi hermano que se suele denominar ahora a ese grupo de muchachos que dicen ser “los pibes”), con el miembro erecto de forma permanente, transpirados de tanto culo cerca, agotados en el centro de tres o cuatro chicas que se les insinúan acorralándolos contra la pared, o contra algún otro culo.

Situación número 2: una chica pequeñita, no más de 15 la pebeta, baja con sus caderas haciendo un 8 sin importar el ritmo. Cumbia, reggaeton, rock and roll, electro y jazz son lo mismo para ella. El culito se va de un lado para otro deleitando a la audiencia masculina. Uno de ellos, el homo erectus posmoderno de 18, aprovecha y da el primer paso. La boquita de ella se lo come entero, mientras sigue zarandeándose como loca. Y él manotea, manosea, juega con el culito cual bongó en danza africana.

Situación número 3: la promiscuidad no tiene límites. La amiga de la petisa culona, más culona que ella y con un vestido que yo solía ponerle a mis Barbies, entiende que la clave es el meneo. Y el muchacho de la situación 2 sabe que ésta también va a caer. Y cae. Y se le sienta en los muslos la nena al mayor de edad. Y el mayor de edad se propasa con la nena, le mete la manito por donde no debe, y la nena se deja. Y mi vieja, completamente ebria, les empieza a dar vueltas alrededor cuando se besuquean en la pista, y los señala y les hace señas como si tuviera una tijera en la mano. “Cortala, pibe”, le quería decir mamá al mayor de edad. Pero el mayor de edad no hizo caso del pedo padre de mi madre, y siguió con el toqueteo.

Yo pispeaba de coté. En mi época esto no pasaba. Sí, las minas eran putas. Eran, no éramos. Pero iban de largo, y no correteaban con toallas a los muchachos. Iban de largo, y no se dislocaban la cadera en el intento. Iban de largo, y no hacían circuito de ejercicios acomodándose en el regazo de todo hombre que camina y va a parar al asador. ¿En qué nos hemos convertido? ¿A dónde hemos llegado? ¿Es que ya no quedan vírgenes inmaculadas que cumplen 15?
Estaba pensando en eso, cuando un borrachito se me acercó y me dijo: “¿Por qué vos no movés el culo como ellas? Mi respuesta fue tajante: “Porque mi vestido es demasiado largo”.
Adjunto foto de las chicas que tenían los vestidos más largos de la fiesta.

lunes 23 de marzo de 2009

Porque lo pidió el pueblo (?)

“Volver/con la frente marchita/ las nieves del tiempo/ platearon mi sien…”(El Gran Carlos)

En realidad, las raíces de la tintura que no me puedo hacer porque no tengo plata son las que ennegrecieron mi sien. Y no vuelvo con la frente marchita. Vuelvo con la frente en alto, alentada por un desconocido que dice llamarse Jota y que osó criticar la desactualización de mi blog.Así que sí, es oficial, es real, el rumor es noticia, Maggie vuelve, Maggie volvió, Maggie seguramente se va a volver ahí en algún momento, pero hoy está, y volvió con todo.
Asentados los preliminares de este post re-debut, es necesario aclarar también los motivos de mi ausencia (nuevamente).El último año de la carrera me dejó de cama como la Pradón después de que se la cepillara medio plantel de X equipo de fútbol. Sumado a mi depresión por no tener un laburo, ni digno ni indecente, el combo explosivo me agarró por el lado del empacamiento. Y no escribí más. Pero nada, eh, ni una nota a mi querida madre para pedirle que me comprara papas para la tortilla.
Ahora, aquí me tienen. Periodista recientemente recibida, productora de un programa de radio, estudiante reciente de la Licenciatura de Periodismo en la Universidad del Salvador (el problema es que a nosotros no nos va a salvar nadie…), hija de mis padres, amigo de mis amigos (sí, amigo. Ese es mi próximo tópico), ejemplar femenino de los que ya no hay (¿).
Agradezco a los que siguieron entrando para curiosear, a lso que se decepcionaron por no encontrar novedades, a los que festejaron por no encontrar novedades. En fin, agradezco, porque soy feliz y me encanta agradecer.Vuelvo, entonces, para quedarme. Un placer.

martes 8 de julio de 2008

Cuatro días en París

El vuelo, retrasado para variar, cayó de punta en París de madrugada. Esa noche no había planes de cama calentita y té con limón, ni de pijamas y tele bajita, ni de dormir en posición horizontal. La noche del 13 de febrero nos encontró, a Lucas y a mí, acomodándonos placidamente en los asientos del aeropuerto, tratando de combatir el frío con mantas robadas de vuelos anteriores, y con un ojo abierto de a ratos para evitar futuros robos de equipaje.
Con la espalda pidiendo a gritos un kinesiólogo, nos despertamos a primera hora de la mañana, dispuestos a hacer el check in en el hotel. Treinta minutos y seis muecas de fastidio después, nos desvalijábamos en un edificio bien lejos de la Torre Eiffel y toda su magia, bien cerca del fin del mundo.
Todo iba bien. Día de los enamorados, París je t´aime, Arco del Triunfo, croissants au chocolat (unas de las pocas palabras que me animé a volver a pronunciar después de tantos años de inactividad parisina), hasta que llegó la calamité. Sabrán comprender, luego de que todas las anécdotas de este viaje se hagan carne en este espacio, que de calamidades y catástrofes estoy más que bien forrada.
Como decía, todo iba bien. Ibamos a abandonar París al día siguiente y, quién sabe por qué, decidí corroborar esa información con la encargada de la conserjería de ese momento. Marjorie se llamaba (Maggyoggí, para que nos culturicemos todos). La señorita en cuestión me anunció, para mi sorpresa, que todavía nos quedaba una noche de gozo.
Ahí, como se debe, estallé de emoción, y fui corriendo a contarle la buena nueva a mi novio. Que se habían equivocado, que nos llevábamos una noche de alojamiento de arriba, que qué boludos estos franchutes, y otras argentinadas varias. Pero no.
A la mañana siguiente, nos levantamos tempranito y nos fuimos a recorrer el resto de la ciudad de las luces. El Museo de Louvre, los Campos Eliseos, el cementerio Le père Lachaise (con tumba de Jim Morrison y otros etcéteras incluida), la basílica del Sagrado Corazón (y sus doscientos escalones y sus torrecitas eiffeles miniaturas a la venta para todo turista pelotudo como nosotros que quisiera un recuerdo de tan trágico ascenso. Menos mal que lo cagué y le di un euro falso. Si, soy argentina, y qué?). Y el regreso al hotel.
El ascensor, la puerta de la habitación, el código de entrada... y la puerta que no se abre. Pruebo una y otra vez, y cada intento es un nuevo sonido de error. Mi desesperación en aumento, el fastidio inconfundible de Lucas in crescendo, y una indignación que no venía al caso sabiendo que esa noche no estaba paga.
Pero era momento de desplegar las dotes actorales adquiridas a fuerza de novelas de la 1 de la tarde. Me tocó enfrentarme al conserje con la peor noche de su vida. Tenía a su alrededor seis o siete personas que le hablaban en idiomas diferentes, agitando papeles delante de unos ojos que clamaban piedad, todas reclamando habitaciones que no existían, reservas que habían sido sobrevendidas.
Esperé, conciente de mi situación particular, hasta que la recepción se descongestionó. Hice entonces mi primer ataque:
-Tengo un problema (el señor tenía muchos más, y me los hizo saber con su rostro). Me olvidé el código de seguridad de la habitación y no puedo entrar (sí, puedo ser muy inteligente cuando quiero)
-¿Tiene el papelito con la reservación? Deme su apellido y número de habitación, por favor (y me lo dijo con el inglés más atravesado que jamás haya escuchado).
Se lo di, y en vano buscó en la computadora. La habitación estaba a nombre de otra persona.
-¿Y nuestras cosas? -empecé a elevar la voz, dándole a entender que estaba por demás enfadada- ¿Quién les dio derecho a tocar nuestro equipaje?
Ese fue sólo el comienzo. Media hora después, nada estaba resuelto. Lo único seguro era que no íbamos a dormir en esa habitación.
Lucas se tomó muy en serio su papel, y empezó a los gritos avisándole poco amablemente que de ninguna manera iba a sacar a su amada novia a las 2 de la madrugada de ese hotel que ni siquiera estaba en París, solamente para pagar 40 euros y dormir 3 horas en otro lugar antes de tomar el tren que salía bien temprano por la mañana. Y el señor, pobre inocente, no tiene mejor idea que decirle: “Ok, calm down, I´m just trying to help because your girlfriend is very cool” (Imaginen por favor a Penélope Cruz en versión masculina diciéndole esto que parecía un piropeo a un hombre fácilmente alterable).
Se vení la hecatombe, y yo no tenía resguardo. Volví a hacerme cargo de la situación, mandé a Lucas lejos del simpático muchacho, y terminé convenciendo al hombre de que nos merecíamos un cuarto por el maltrato sufrido. Entramos a una habitación, que era más de lo que podríamos haber pedido por cero euros, pero el conserje se arrepintió de su decisión, y casi nos deja en la calle.
Finalmente, su corazón, y el hecho de que me consideraba una mina super cool, hicieron que se compadeciera de nosotros. Nos dio unas mantas, y nos dejó dormir en la sala de conferencias del hotel. Nuestras valijas, por su parte, nos miraban desde lejos, cada una con un cartel que decía “Deportados”.
PD: Adjunto foto de mi hijo Ramoncito en el Museo del Louvre. Obvio que no lo iba a dejar en Buenos Aires! Pobre Ramón! (¿¿¿Sabés lo que es para un pato conocer Europa???)


Au revoir!

martes 1 de julio de 2008

El retorno de Miss Contractura

Hay algo que todos deberían saber: NO HAY QUE HACER PILATES.
Quiero que sepan que me duele absolutamente todo el cuerpo, y que las lágrimas que escupo ya no alcanzan para ejemplificar tanto dolor. ¿A quién se le ocurre? Es como me dijo la señora del colectivo ayer (sí, porque a mí quién sabe por qué se me ponen a hablar la totalidad de las señoras/es mayores que viajan a diario en todos los colectivos que frecuento): “No deberían hacerte doler, nena, deberían ir a tu ritmo. No los dejes. Perdón que me meta, querida, pero te escuché y mi hija hace Pilates también pero ella…” (y muchos más bla que no voy a reproducir porque no vienen al caso).
Mis contracturas ahora se extienden no solamente por el largo de mi columna vertebral, sino que llegan a tocarme la oreja cuando bostezo, a paralizarme el pie cuando levanto la mano izquierda, y a endurecerme los pómulos cuando me agacho.
Muchos se habrán dado cuenta de que era necesario volver al gimnasio. Después de dos años y medio de inactividad, las leyes de la gravedad están como plantas carnívoras a la espera de bellas ardillitas que puedan devorar.
Sentirme renovada? Claro que sí! Si hay nudos nuevos por todos lados!
Caminar es un gran desafío. Ayer, cometí el error de subirme a un 92 hacinado, y el asiento que pude encontrar era uno de los primeros. Subió un señor más que mayor, mayorcísimo, y se me paró en frente. Y yo… sí, me hice la pelotuda. Pero tenía mis razones: si me paraba, me iba a desgarrar el muslo en el intento. Aguanté todo lo que pude, jugando un ajedrez mental con mi conciencia, hasta que opté por hacerme la sorprendida (¡Uy, perdón, señor, no lo ví, por favor, siéntese), y cedí mi espacio personal anti-desgarros al viejo de los ojos celestes. La experiencia fue completamente traumática.
Esta es solamente la sensación de lo que fue mi día. Lo demás, pueden imaginárseo (ojalá que puedan).
Quería simplemente que supieran que si me paso el día diciendo Ahhh y Grrrr y Eeegg (background de hospital, como dice un colega resacoso mental), es simplemente porque me duele hasta el último músculo del culo. Amén.


Agrego una pregunta boluda que le escuché decir a una estudiante de TEA ayer, lunes 30 de junio, que recopilé para el señor loser, y que decidí hacer público en mi blog.Conversación, patio de TEA, 7:08 de la tarde:
M (de mujer)-Hola!
P(de Pelotuda) -¿Qué hiciste el finde?
M-El viernes me fui a bailar a Brujas
P-¿Qué es eso? (pregunta pelotuda 1)
M-Un boliche de Palermo
P-Ah, y se baila? (pregunta pelotuda 2)
M-Si, pasan de todo. Y el sábado y el domingo estuve con los scouts
P-¿Qué es eso? (esta chica fue a un concurso de pelotudas?)
M-Ay, cómo te explico... es un grupo que tiene actividades, nunca viste a un grupo de pibes que van con un pañuelo al cuello? (explicación vasta y suficiente)
P-Ah, pero, ¿van por la calle? (Oh My God!)
No pelotuda, van saltando por los techos para q nadie los descubra!
Debería darle vergüenza respirar.

Ah! Próximos posts: mis historias en el viejo continente.
Hasta la próxima!

N de la E: dedicado al más bombero, que me controla la cantidad de posts que es conveniente escribir por mes. Saludos!

lunes 23 de junio de 2008

Feliz día, pa

Una vez, me acariciaste el pelo, te brillaron los ojos y te pusiste a llorar. Yo estaba en primer o segundo grado, ya no me acuerdo. Era uno de los últimos días del año y estaban entregando los diplomas al mejor alumno de cada curso. Había sido elegida. Veníamos de pasar el año más duro de nuestras vidas. De superar una barrera enorme que nos había frenado la existencia a vos, a mamá y a mí. Habíamos sufrido, mamá había llorado, yo había enmudecido, y vos te habías mantenido fuerte y entero a nuestros ojos para que la familia no se derrumbara. Y al escuchar mi nombre en ese acto escolar, todas esas lágrimas que contuviste durante un año entero decidieron que era hora de salir a la luz, y comenzaron a caer por tu rostro moreno.
Nunca te había visto así. Vulnerable, frágil, casi infantil a mis ojos de niña grande. Y yo, avergonzada y sin poder comprender, enrojecí de furia cuando en tu lanto desconsolado me abrazaste y me alzaste a upa. A mí, que ya estaba crecidita. A mí, que nunca necesité de nadie. A mí, que ya no estaba para esos juegos.
Sólo años después pude perdonarte, y entenderte, y llorar con vos pero sin vos. Estabas gritando lo que no habías podido, estabas desahogando tu pena en mi éxito, y me estabas llorando de orgullo.
Vos también sos un orgullo para mí.
Felíz día super atrasado, pa